No ha sido una noche agradable. Algo me ha impedido
descansar como debería, y ha hecho que me despierte antes de que mi despertador
suene. Al abrir los ojos, me encuentro con la figura de mi madre, con una
expresión grave grabada en el rostro y hace que el corazón me dé un vuelco.
-¿Qué haces aquí? Menudo susto me has dado...-me aventuré a
decir
-Charlie, tengo una noticia que darte. Tu abuelo....acaba de
fallecer.
-¿El abuelo? eso es imposible, ayer estaba estupendamente,
lo que dices no tiene sentido, no puede ser...
No podía creer lo que estaba oyendo. El día de antes él
estaba perfectamente.
-Tu abuelo tenía cáncer, no quiso decírtelo para no
preocuparte, ya sabes que no quería dar lástima y menos a ti, te tenía en muy
alta estima.-dijo mi madre, mientras bajaba la mirada y miraba a un lado.-Por
favor, baja a la sala de estar, hemos adecuado la estancia para despedirnos de
él.
Mi nombre es Chuck McAllister, y actualmente, vivo en
Manhattan. Esta ciudad sigue siendo desconocida para mí, dado que mi infancia
la pasé en Escocia.
Siempre acompañaba a mi abuelo, apodado el portugués, y se podría decir que me crié
enteramente en tabernas entre borrachos, prostitutas y peleas de póker. En las
cuales mi abuelo siempre me enseñó que cuando una mesa con todo el dinero se
vuelca de una patada, siempre se pierde "algo" debajo de un armario.
Y casualmente ese armario siempre estaba en su bolsillo....
Hace unos años decidimos poner rumbo al nuevo continente, mi
abuelo insistió en ir allí, aun no sabemos muy bien porque, pero mi padre venía
con un contrato de trabajo bastante repentino que incluso sonaba sospechoso,
aunque nunca me dieron más detalles. Aún no puedo creer que el abuelo no esté.
Decido arreglarme y bajar abajo. Encuentro un montón de
gente alrededor del féretro de mi abuelo. Han adecuado toda la estancia dejando
una zona central encima de una mesa donde todo el mundo puede verlo. Parece ser
que el estado crítico de mi abuelo era conocido por mas personas de las que
imaginaba, puesto que estaban mis tíos y familiares que hacía tiempo que no
veía.
Ver a mi abuelo me afecta más de lo que creo. Veo que su
cuerpo inerte no se volverá a mover, y no puedo evitar que un escalofrío
recorra mi espalda. De repente mi padre me rodea el cuello con su brazo.
-Sé que es un momento duro - me susurra - pero hay algo
acerca del abuelo que quiero hablar contigo, en privado.
Acto seguido decido acompañarle a lo que hasta hacia unas
horas había sido la habitación de mi abuelo. Aún tenía ese aroma tan
característico suyo.
-¿Desde cuándo el abuelo tenía cáncer? - me aventuré a
decir.
-Desde hace unos 3 años diagnosticado, y he de decir que lo
ha llevado con mucha discreción.
-Imagina la discreción que ha sido que ni siquiera me he
enterado hasta hoy....
-En fin, no te he
llamado para hablar de eso, tengo algo que tu abuelo quería que tuvieras.
Mi padre acaba de sacar una caja de madera ornamentada,
parece un pequeño cofre.
Decido abrirlo delante de la mirada incrédula de mi padre.
Cuando ve el interior arquea una ceja sorpresiva. Dentro, hay una daga
ornamentada con pequeñas joyas.
-¿Desde cuándo tenemos una cosa como esto? Con nuestra situación si la hubiéramos vendido podríamos haber vivido mejor.
-A pesar de lo bonita
que es, no la comprarán en ningún sitio, me temo que solo tiene valor sentimental.
La he visto un par de veces o 3, según tu abuelo le fue legada por su abuelo, y
dice que siempre que la llevaba le daba buena suerte para encontrar cosas. aún
no se qué significaba eso.
-No te preocupes, la cuidaré bien.
-Gracias hijo, creo que nada le haría más feliz a tu abuelo.
Rompo a llorar, son demasiadas cosas acumuladas, y el olor
de la sala me recordaba demasiado a mi abuelo. Mi padre me abraza.
Decido recoger la daga en el cofre y volver a la sala.
Al volver me llaman la atención dos invitados, un hombre y
una mujer de piel tostada, los cuales llevan una ropa elegante, lo suficiente
como para destacar entre los demás, que íbamos con ropa de faenar. Advierto que
me miran fijamente durante un momento y le pregunto a mi padre si los conoce.
-Nunca los había visto, supongo que serán amigos de tu abuelo.
Se acercó a saludarlos, al ver que les estrecho la mano con una sonrisa leve decido acercarme.
-Les voy a presentar a mi hijo. Charlie, saluda como es debido.
-Me llamo Chuck, es un placer conocerles.
-El gusto es mío-dijo el hombre- lamentamos la perdida de tu
abuelo, él era alguien muy querido en nuestro grupo. Esta es Isis, es un año
mayor que tu y también conocía a tu abuelo.
Cualquiera hubiera dicho que tenía 4 o 5 años más que yo, es visiblemente más alta que yo y sus rasgos son de una persona que no tenía 16 años. Entonces, cuando alargo la mano para saludarla acerca su cara y me da dos besos en sendas mejillas. Me pilla tan de sorpresa que no sé ni cómo reaccionar. Siento que me sonrojo un poco.
Cuando se retiran, miro a mi padre con cara de extrañeza.
-¿El abuelo tocaba en algún grupo? Creo haber entendido algo
así.
-No tengo ni idea- dijo mi padre - lo que me sorprende es
que el hombre no se ha presentado.
Y tiene razón, no ha dicho ni nombre ni de que conocía al abuelo. Y lo que más me llama la atención es, que justo después de darme los dos besos, ella había asentido al otro hombre.
El día ha sido muy duro y voy a dormir antes de lo habitual.
Un nuevo día, un nuevo despertar, pero a quien pretendo engañar, no tengo ganas de nada.
Me visto con mis mejores ropas, y me coloco la gorra de mi
abuelo, a modo de homenaje.
Mi padre me da 10 $ y me envía a poner la esquela. Por lo
visto, soy el que mejor se le da esto.
Antes de irme, recuerdo la daga que me legó el abuelo. Me llama demasiado la atención y creo que lo más adecuado es llevarla conmigo.
Mientras voy caminando noto la presencia de alguien, como si me sintiera observado, aunque no le doy mucha importancia, después de todo, hoy debería estar en la escuela.
Al llegar al periódico una señora muy amable me atiende y me
llevan al despacho del redactor. Me cobran 8'50 por una esquela.
"A la memoria de Francesco Obrigado, tu familia recuerda siempre tus palabras : Lo importante no se paga con dinero".
Mi tarea ya está hecha, y me dispongo a volver a casa. Pero
al volver oigo un montón de sirenas y un par de coches de policía que van en
dirección a mi casa. Seguramente no será nada, pero algo me inquieta por
dentro, así que acelero el paso.
Al llegar a mi portal encuentro la puerta en la acera, a 3
metros donde solía estar siempre. Podría haber sido una explosión desde dentro,
quien sabe, pero eso no me tranquiliza. Y menos aun cuando al meterme veo que
la puerta de mi casa está exactamente igual, con un agujero donde antes una
robusta puerta de madera se asentaba. Al entrar, con más miedo que cuidado, veo
zapatos por el suelo y manchas de sangre. Algún zapato.... aun tiene lo que
bien podría ser un pie. La escena empieza a horrorizarme, empiezo a perder el
control, pero oigo lo que parece la voz de mi padre desde el cuarto de mi
abuelo. Lo veo a él tumbado a los pies del armario, ensangrentado y agonizante, también
veo en el suelo restos del cofre que alguna vez albergó la daga que usaba.
Le miro a los ojos y le pregunto que quien ha hecho todo
esto. Solo respondió una cosa.
-¡¡¡Huye!!!-
Acto seguido, con lágrimas en los ojos echo a correr, puesto
que un ruido extraño, como de una bestia grande, suena desde la cocina. Cada
vez es más fuerte, hasta que atravieso el agujero de la calle y me doy de
bruces contra alguien.
-Wo! wo! wo! ¿Donde vas con tanta prisa?
Me fijo en que es un agente de policía.
-Pues yo.... venía, pero.... mucha sangre.... mi padre! esta
dentro y me dijo.... pero claro yo venía del periódico...... y me dijo que
huyera.....pero corrí hasta aquí.... y unos pasos me seguían.
Ya no sabía ni que decir, estaba a punto de entrar en shock.
-Vale vale chico, ¿porque no me acompañas?
Acto seguido, un policía me encierra en un coche patrulla y
se meten hacia dentro.
Al poco, oigo gritos y mucho alboroto, y me asomo a la ventanilla cuando aparece rodando lo que antes había sido la cabeza del policía que me había preguntado.
Me encojo en el asiento lleno de pánico y noto como una
presencia se acerca al coche. Noto unos golpes y veo que se va alejando el
origen de la tensión. Me asomo levemente para observar que era, y mi sorpresa
es mayúscula cuando una especie de bestia, de unos 2 metros y medio, medio
encorvada, y que me recordaba a un rinoceronte, se aleja calle abajo
sobresaltada, seguramente por el sonido de las sirenas.
A los pocos segundos, oigo como en la otra puerta, detrás de
mi, un pequeño ruido suena, y de repente se abre.
Descubro que es Isis, pero esta vez va vestida completamente
de negro, con una mallas y un suéter ceñido.
-Parece que se han adelantado. Te sacaré de aquí.
-¿Que demonios era eso?¿ Y porque ha venido hasta aquí?
-Te lo explicará todo Susurro del viento, el hombre que
venía conmigo que se llamaba Omar, ¿recuerdas? Si quieres respuestas sígueme,
pero ha de ser ya.
Asiento con la cabeza y decido caminar hacia el primer día
del resto de mi vida.
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